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miércoles, 21 de marzo de 2018

AL SUR DE SIERRA NEVADA

La Alpujarra


Precisa definición de los límites de La Alpujarra.
por
 Francisco Alcázar.



Esta Revista, que con tanto acierto como ilusión mantienen viva algunos paisanos, nos invita a opinar sobre los límites de la Alpujarra. Se supone que todos tenemos una idea de dónde comienza o dónde termina nuestra comarca; bueno, más o menos. Cuando hay que concretar surge la duda. De ahí la pertinencia de la pregunta.

Lo que sí sabemos es que todo en esta vida tiene un límite; hasta la provincia de Badajoz decía Jardiel Poncela. Albert Einstein llegó a la conclusión de que sólo existen dos realidades infinitas, sin límites: el Universo y la estupidez humana, y parece que sólo aplicaba sin reservas esta opinión a la última. (Supongo que no todo lo que se le atribuye al genial científico será suyo, en cuyo caso no hubiera tenido tiempo de formular la Teoría de la Relatividad).
Pero volvamos a lo nuestro. De la lectura de algunos tratados, se llega a la conclusión de que la palabra Alpujarra es un topónimo de origen árabe, con variadas interpretaciones, o tal vez ibérico. O sea, que no se llega a ninguna conclusión. Todo conjeturas. Tampoco están claramente marcados sus límites que, por la propia definición del vocablo comarca, no se precisan.
En mi infancia participé en un trabajo escolar sobre la Alpujarra, mapa incluido, para un concurso que patrocinaba el casino del pueblo, Cádiar. No sé qué libros y atlas consultamos. Entonces no podíamos sospechar que estaba cercana la avasalladora irrupción del homo internéticus. De aquel trabajo primerizo recuerdo dos cosas. Primera, que la costa alpujarreña se extendía desde el Cabo Sacratif, a la salida de Torrenueva (Motril), hasta Punta Entinas, pasada la urbanización de Almerimar (El Ejido). Y segunda, que no hubo ganadores: se repartió el premio entre las tres escuelas de niños para intentar contentar a los maestros.
Al final de la época musulmana la Alpujarra se dividía en tahás, cuyo número e incluso denominación difiere según el autor que se consulte. De un mapa elaborado por P. Cressier tomo esta relación: Órgiva, Poqueira, Ferreira, Jubiles, Ugíjar, Andarax, Lúchar, Marchena y Alboloduy en la falda de Sierra Nevada; Suhayl, Cehel, Berja, Dalías y Almejíjar con salida al mar Mediterráneo; en total 14. Posteriormente, año 1833, como consecuencia de la reorganización territorial del Reino de España en provincias, la Alpujarra quedó repartida en dos zonas, la granadina y la almeriense.
Esta tierra abrupta, de llamativos contrastes, poblada de vericuetos y rincones acogedores, se extiende rectangularmente de Levante a Poniente. Dos accidentes naturales la dibujan: las cumbres de Sierra Nevada al norte y la costa del Mediterráneo al sur. Los flancos extremos muestran un perfil menos definido, ambos con un itinerario similar. El occidental baja de la Sierra por Lanjarón (puente de Tablate), continúa por el río Ízbor hasta su encuentro con el Gualdafeo en la presa de Rules. Aquí gira levemente a la izquierda, corona la Sierra de Lujar buscando los municipios de Lújar y Gualchos para terminar en Castell de Ferro. El oriental baja de la Sierra por Alboloduy, continúa por el río Nacimiento hasta su encuentro con el Andarax, cerca de Alhabia y Terque, Pasa por Alhama y asciende la sierra de Gádor buscando los municipios de Enix, Vícar y Puebla de Vícar. Finaliza en Roquetas de Mar.
La única línea oficialmente sancionada es la que marca las provincias de Granada y Almería. El único límite claramente definido que hay en la Alpujarra no la delimita sino que la divide. ¡Vaya por Dios! Una línea que parte arbitrariamente en dos la Alpujarra y que entorpece más que aclara la comprensión de nuestra comarca. No dudo de la buena intención y sensatas razones que llevaron a los políticos de la época isabelina, entre ellos el motrileño Javier de Burgos, a organizar el Reino de España en provincias con partidos judiciales, pero creo que fue una mala decisión para la comarca.
Citaré un ejemplo de los muchos que podrían reseñarse y que prolongarían en exceso este escrito. Si consultamos las noticias que se refieren a la Alpujarra en el periódico Ideal, veremos la diferencia entre leer la edición de Granada o la de Almería. Cada una habla de “su” Alpujarra: a la otra se le da escaso desarrollo, o directamente se la ignora. Y me refiero a una publicación muy popular que compran nuestros paisanos por tradición, que leen personas de diferentes credos, encontradas ideas o distintas profesiones.
No es hora de lamentaciones. Es mejor llevarlo con paciencia y resignación. Y evitar en lo posible tomar la parte por el todo. Cuando no haya más remedio, diremos a qué parte de la Alpujarra nos referimos, la granadina o la almeriense. Iniciativas como La Casa de la Alpujarra y los Festivales de Música Tradicional de La Alpujarra (y otras que el lector avisado conozca) ayudan a paliar el problema.
Gerald Brenan, y con esto finalizo y dejo en paz al lector, publicó un libro sobre la Alpujarra que se hizo muy popular. Un título sugestivo, acorde al contenido de la obra: Al sur de Granada. El peligro radica en que muchos lectores, de manera inconsciente, relacionan Granada y Alpujarra, quedando Almería en el olvido. Ligeramente modificado, este rótulo describe de forma escueta la situación y límites de la Alpujarra, de toda la Alpujarra. Una definición fácil de retener y asombrosamente precisa: Al sur de Sierra Nevada.
-¿Pues sabe lo que le digo? Que para llegar a esa conclusión no se necesitaban unas alforjas repletas de las anteriores divagaciones, citas de autores famosos y anécdotas personales que a nadie interesan.
-Lleva usted toda la razón, mi querido y sufrido paisano. Pero… qué quiere que le diga: le ponen a uno el palito de la Alpujarra y a ver el guapo que le impide dar el salto. Cuanto más lejos tienes la Alpujarra, tanto más cerca, más dentro la sientes.


viernes, 12 de enero de 2018

EL BUTE, El TÍO DEL SACO Y OTROS ASUSTANIÑOS O LA BUENA BOCA DEL ALPUJARREÑO.




Germán Acosta Estévez
Hace algún tiempo, asistía al convite de un bodorrio de compromiso allá por tierras de aulaga y bolinas. Terminado el segundo plato, uno de los camareros que retiraba el servicio se me acercó a la oreja y me alabó lo buen comensal que era, pues se había dado cuenta a lo largo de la velada que había rebañado mis platos hasta el punto de casi no necesitar del uso del lavavajillas. Ante tal aseveración, le dije, un poco con retranca, que tenía muy buena boca y que a mí me habían enseñado a no dejar nada de lo que se pusiera en la mesa; le señalé además que en mi tierra antaño era costumbre ir ligero de estómago a tan magnos acontecimientos. Obvié decirle, por supuesto, que no dar cuenta de aquellos selectos manjares era un sacrilegio, pues luego estos acabarían seguramente en el cubo de la basura, mientras algunas “criaturicas” pasaban tantas faltas y fatigas por no tener nada que llevarse a la boca. Ante tal respuesta, el buen hombre me miró, esbozó una media sonrisa y continuó su tarea.

Mientras tanto, sentada frente a mí y por parte del novio, una joven muchacha que aparentaba ser de familia bien por los ropajes y abalorios que gastaba, se esforzaba de forma ímproba en dar de comer uno de esos tarros de farmacia a una niña de año y medio más o menos, que apuntaba maneras de alto grado de consentimiento y tenía cara de “relamía”. Viendo que la cosa se alargaba en exceso y que su paciencia estaba a punto de agotarse, echó mano del Coco, ese personaje imaginario recurrente que ha acunado a tantos infantes asustados por el simple hecho de nombrarlo. Fue entonces cuando me vino de sopetón a la memoria el Bute de mi infancia, ese ser informe que significa el miedo a lo desconocido, tan presente entonces en el ideario alpujarreño de asustaniños y que obraba verdaderos milagros para abrir el apetito o llevar a la cama a los zagales desganados. Y me acordé de ciertas palabras de Lorca pronunciadas en una conferencia sobre las nanas infantiles:


Ya sabemos que a todos los niños de Europa se les asusta con el Coco de maneras diferentes. Con el Bute y la Marimanta andaluza, forma parte de ese raro mundo infantil, lleno de figuras sin dibujar, que se alzan como elefantes entre la graciosa fábula de espíritus caseros que todavía alientan en algunos rincones de España.



Hoy en día, afortunadamente, el Bute anda apuntado a las listas del SAE.

De vuelta de mis divagaciones, noté que la niña seguía en sus trece y a la madre estaba a punto de darle un “pitango”. En eso que entra en escena una de las cuñadas y empieza a recitar toda una experiencia de vida de cuando ella tenía que alimentar a su prole, lo que hizo exasperar aún más a la ya de por sí desencajada madre primeriza. Y de golpe y porrazo puso sobre la mesa a un pariente del Bute: el tío del saco, ese personaje que representa el miedo a ser separado de lo cercano, de lo que se ama. Pero lo más grave es que este personaje, por desgracia, se inspira en sucesos escabrosos y violentos que fueron reales y que muestran lo más vil de la naturaleza humana, amparada muchas veces en el primario instinto de supervivencia, como sucedió a principios del siglo XX en el municipio almeriense de Gádor.
                                                                     Fuente de la imagen: serpadreprimerizo.com/blog/
Francisco Ortega el Moruno era un enfermo de tuberculosis que buscaba desesperadamente una cura para su enfermedad y para ello acudió a la curandera Agustina Rodríguez, quien a su vez le envió al barbero y curandero Francisco Leona, sujeto que ya tenía antecedentes criminales, pero que gozaba de cierta protección caciquil del entorno. A cambio de 3000 de los antiguos reales, Leona le reveló que la cura de sus males acabaría si bebiese la sangre que emanara del cuerpo de un niño sano y se untarse en el pecho con sus vísceras o mantecas calientes. Leona y Julio Hernández el Tonto, hijo de la curandera Agustina, se ofrecieron a encontrar al niño. Y así fue como, en la tarde del 28 de junio de 1910, secuestraron a Bernardo González Parra, de siete años y natural de Rioja. Metiendo al rapaz en un saco en el que los criminales lo trasladaron hasta un cortijo aislado que Agustina tenía preparado. Una vez que todo estuvo dispuesto para tan macabro ritual se dio aviso al cliente apodado el Moruno y en llegado el enfermo al lugar indicado, a Bernardo se le hizo un corte en la axila, de la cual emanó la sangre que bebió el Moruno mezclada con azúcar, sin mostrar el más mínimo escrúpulo. Acto seguido, el versado curandero Leona lo mató aplastándole el cráneo con una piedra para, acto seguido, extraerle la grasa y el epiplón con el que hacer una especie de compresa para aplicar en el pecho de Francisco Ortega y curar así supuestamente su grave dolencia. Consumado el funesto crimen, ocultaron el cuerpo sin vida en una grieta, cubriéndolo con matojos, hierbas y piedras, pero sin enterrarlo.
Pero la cuñadísima no se detuvo ahí, sino que tiró de su repertorio nada pedagógico y ascendió un grado más en la escala de los asustaniños y sacó a colación al mantequero o sacamantecas, ese que representa el miedo a la muerte violenta. Y es que mantequeros ha habido varios a lo largo de nuestra historia relativamente reciente y diseminados por toda nuestra geografía. Uno de estos Sacamantecas fue un asesino en serie de Álava llamado Juan Díaz de Garayo Ruiz de Argandoña quien, entre los años 1870 y 1879, asesinó y violó a seis mujeres de distintas edades, cuatro de ellas prostitutas, al parecer por pedirle demasiado dinero tras mantener relaciones sexuales. En 1872 mató a una criada de tan sólo 13 años a la que estranguló, violó y remató. Ese crimen conmocionó a Vitoria, y cuando sólo ocho días después, volvió a asesinar a una prostituta a la que violó, asfixió y abrió en canal para sacar sus vísceras, cundió el pánico en la ciudad.

Por mantequero también se tuvo a otro asesino en serie del siglo XIX: el gallego Manuel Blanco Romasanta, que creía que, por intervención de las caprichosas meigas, se había convertido en un hombre lobo y asesinaba a niños y mujeres para sacarles el sebo y después venderlo.

Andalucía, como no podía ser de otra forma, también cuenta con su particular caso tenebroso que sacude toda inocencia que cualquier leyenda que se precie pudiera contener. Ocurrió en Málaga en la noche del 7 de agosto de 1913 y fue conocido por el crimen del martinete: esa noche en la que el niño Manuel Sánchez, un jovenzuelo alegre y pícaro, jugaba en la calle como otro día cualquiera mientras sus padres regentaban el puesto ambulante que tenían frente al cine Pascualini. José González Tovar, alias El Moreno, degolló sin piedad al joven Manolito, aprovechando que el pequeño estaba solo. Y lo asesinó para conseguir su sangre: según la prensa de la época, un aristócrata esperaba en la zona, oculto en un carruaje negro para beberla, creyendo que así curaría su tuberculosis; los rumores apuntaron en ese momento a que el desconocido que hizo el encargo fue el torero Gómez Bailey.

Y es que ya sabemos que los niños tienen un enemigo real cuya maldad no tiene límites; el nombre con el que se le conoce popularmente es el de adulto.

Bueno va que nuestras abuelas y madres, apenas sabían leer o escribir; como mucho firmar, desconocedoras por tanto de cuentos infantiles que tuvieran enseñanzas más provechosas para reconducir al niño en su pelea con esa comida que no le entra por el ojo. Es probable que sus métodos en la actualidad serían refutados por eminentes y reputados psicólogos, si bien ahí siguen como parte de la tradición. Pero la dialéctica de las dos cuñadas en estos tiempos que corren, como que es puro anacronismo.

Y para rematar la faena entró en escena la suegra. Ni corta ni perezosa, maniató los brazos de la chiquilla entre sus axilas, mientras le pinzaba la nariz con los dedos, dejando su párvula boca abierta como un embudo. Al principio, la nenita comenzó a hacer aspavientos, diseminando con su boca el puré a modo de ventilador, pero viendo la firmeza de su abuela desistió y optó por apurar la oferta del día, quedándose con una carita circunspecta y de vencida. Fue entonces cuando doña Consuelo sentenció el episodio acontecido con aquellas lapidarias palabras:

_No vengas, Bute, que mi niña se lo ha comido todo.

Acabamos de pasar unas fechas señaladas donde las comilonas familiares y los ágapes con los compañeros de trabajo nos requieren para dar buena cuenta de las múltiples y elaboradas viandas que nos ponen por delante. De seguro que ustedes, que no tuvieron en su infancia y en sus humildes casas ningún tipo de capricho ni derroche culinario y que tienen, por tanto, buena boca, han dado cumplida cuenta de tan preciados manjares con fruición y sin la presión de que rondase por las mesas ninguno de los asustaniños de la infancia referidos: de sobra es conocida la tendencia del alpujarreño por el papeo que se pega al riñón y hace balate en las entrañas.

La cuesta de enero ya está aquí y, con ella, el propósito de enmienda: hay que liberar este cuerpo serrano de los chicharrones que se han agarrado a los costados y, dado que las vestimentas de hoy encogen por el simple placer de hacerte obeso y verte sufrir frente al espejo, he decidido ponerme a plan…Pero es que estoy viendo ahora mismo un pucherico de hinojos con su pringue, su morcilla y su espinazo que me incitan al pecado; mi amigo Pepe Álvarez amenaza con un empedrao para este sábado y, por si fuera poco, los troveros del Balate ya están hablando de unas migas con vinillo del terreno y su engañifa, y no sé si podré resistirme…Mejor lo dejamos para más adelante, cuando la primavera se vista de azahar.


miércoles, 27 de diciembre de 2017

La edad de la luz: un texto de Feli Maldonado donde la filosofía y la teología se mezclan en un amalgama de ideas medievales.
 




Ocurrió una cosa extraña había predicadores que adivinaban la incertidumbre de los tiempos.  Las guerras y las grandes pandemias. También existían las hadas y otros seres espirituales que cerraban el circulo humano de la supervivencia.

Paso que en un tiempo lejano un año nuevo llegó con un ser diferente.
Este ser diferente creía en la magia. Era la edad de la luz. Y creo que la vida necesitaba un Ser supremo que guiara la gran tribu urbana hacia la edad moderna.

Nació el profeta. Aquel  que hablaba con gran sabiduría y nació con el poder de vivir experiencias supremas. El amor dio forma y creo el ser llamado hombre

Y ahí empezó la gran batalla de la civilización humana. Todo fue carne. El hombre y su guerra y todo fue alma su procedencia divina así lo había creado. Y Dios se hizo versátil en el vulgar lenguaje de los legos.

Ahora la pregunta sigue siendo la misma. ¿Quién creó mi forma? ¿Quién justifico mis acciones y quién manifestó mis emociones?

La vida sigue dando sus mejores batallas a sus mejores guerreros y sus grandes interrogantes a sus mejores poetas. La poesía es el lenguaje versátil de los iluminados divinos y en ellos existe la verdad. Solo hay que saber leerla y conocer las grandes verdades que esconde su poder divino.

Aquel que domine su poder tendrá el alma humana, el cuerpo grácil y versátil que sabe esconder el gran secreto de la divinidad Humana.

miércoles, 30 de agosto de 2017

AL CASTILLO DE MONTJUIC, UN AÑO MÁS

Ramón Llorente Varela
Autor: Ramón Llorente Varela
          Defensor del Ciudadano de Gerona.      
          Ramón no olvida sus raíces alpujarreñas.



Con sentimiento y emoción, un año más, muchas personas subiremos al castillo de Montjuic, el día 24 de septiembre, para celebrar el reencuentro de muchos gerundenses que, llegados del resto de España, no olvidamos nuestras raíces ni nuestro paso, o el de nuestros padres o abuelos por el castillo de Montjuic. Dificultades y problemas de toda clase no pudieron impedir que nuestra pequeña historia quedara enterrada por el olvido y el desprecio hacia lo que era considerado por el sistema como una lacra o epidemia que había que ocultar y silenciar. La ciudad de Girona tiene una gran deuda con aquella multitud de personas, que llegadas de muchos pueblos de Andalucía y Extremadura, eran trabajadoras honradas, y que con su trabajo contribuyeron ejemplarmente al progreso social y económico de esta tierra.

Con distintos acentos y varios orígenes, nos une la voluntad de recordar nuestro pasado, con agradecimiento a la tierra y la gente que nos recibieron. El ejemplo de nuestros padres y abuelos nos anima a actuar como personas de bien. Ellos sufrieron enormes problemas, pero trabajaron con esfuerzo para salir adelante y procurarse lo necesario, sin esperar que nadie se lo regalara, y manteniendo la esperanza de abrir y ganar un futuro mejor para sus hijos.

Ahora son otros tiempos. Pero siguen siendo necesarios los principios y los ideales que en Montjuic se hicieron presentes: el trabajo, el esfuerzo, la mejora de cada uno de nosotros, el sentido de la justicia, la honradez y la imprescindible solidaridad, que son la base para conseguir una sociedad más humana y justa. Nosotros sabemos lo que son barreras de todo tipo, económicas, sociales, culturales, pues las hemos vivido en nuestras propias carnes, y las hemos superado. Y tenemos claro que ninguna bandera, ningún escudo ni ninguna consigna nos harán olvidar nuestra procedencia ni nos separarán del resto de nuestros conciudadanos.
No podemos olvidar que lo más sagrado de este mundo es la dignidad de la persona, sin distinción por razón de raza, de color, de lengua o de creencias, y que sólo desde el amor y la bondad se construye. Desde el odio sólo se destruye, se crea división y se siembra la discordia.

Como decía, ya hace un año, la humanidad es como una gran familia, y toda barrera es una traba que condiciona y limita tal realidad. Nuestra fiesta es un granito de arena para seguir construyendo puentes y trabajar por una humanidad más solidaria y justa. El próximo 24 de septiembre volveremos a celebrar en el castillo de Montjuic la fiesta de los que allí vivimos en tiempos difíciles y los que comparten con nosotros la bondad y la ilusión por un mundo mejor. Es una gran fiesta de Girona. Os esperamos.

RAMON LLORENTE VARELA
Este artículo saldrá el próximo domingo en diario de Gerona.
http://www.piabosch.cat/en-suport-i-defensa-de-ramon-llorente-defensor-de-la-ciutadania-de-girona/

sábado, 22 de julio de 2017

Lotería de Navidad de la Asociación

Ya está a la venta, reserva tu décimo:

Este año puede ser





Ahora quiero decirte:
con toda la fe que tengas,
y con tu ímpetu fiero,
te animes y te avengas
a dirigirte al lotero.

¡Y no más me llemes aguafiestas!
Aunque no te faltaría razón,
si es así como te manifiestas:
porque jamás me tocó
nada de nada en estas fiestas.

Y no midas la esperanza
de que te toque el cupón.
Es mejor tomarlo a chanza,
soñando con el pastón,
iniciando alegre danza.

sábado, 24 de junio de 2017

Camisetas y delantales

Nos quedan algunas camisetas y delantales de la gastronomía. Las llevaremos a Cáñar por si alguien está interesado o quiere colaborar con Asociación.

Del sendro de Rubite

De la Asociación

Delantal económico

Delantales de calidad con el logo de la Asociación

martes, 6 de junio de 2017

HUMILDES FOGONES DE LA ALPUJARRA(Un ripioso poema culinario)

              GERMÁN ACOSTA ESTÉVEZ



En una calle, en un rincón cualquiera, de un día cualquiera, de uno de esos pueblos de La Alpujarra, donde el tiempo, que no es de nadie, discurre con un compás pausado y macilento; a esa hora en la que el soniquete cotidiano de los cacharros de cocina no altera, sino que es el ritmo mismo de la vida:
Se descorre una cortina,
Un pestillo que cede “pa” dentro
Y aparece esa curiosa vecina
Que de forma repentina
Ya se te ha “zampao” dentro.

-Vecina, que soy la Eduarda.
¿A dónde puñetas andas “metía”?
                  -Pasa pa dentro, “so” petarda.
Tú no te cortes, reina mía,
Y pon tus carnes sobre la albarda.

-¿Es que vas de “boa” o de farra?
¡Menúo follón el que tienes “liao”!
-Estoy que me subo a la parra,
Pues de golpe, se “m´han presentao”
“Tos” los de La Casa de La Alpujarra.

Tengo, “pa” que a esa gente le sobre:
Huevos, pimientos, papas y cebolla deconstruía
En una hermosa sartén de cobre.
-Vamos, lo que aquí “de toa la vía”
Han “sío” unas papas a lo pobre.

-Y allí tengo a mi Honorio,
Con su delantal estilo italiano,
Hortelano y pinche meritorio,
Echándome en todo una mano
Y siempre pendiente del cocitorio.

Honorio, espabila, lucero,
Vamos a darle caña,
Que no llegamos ni pa febrero:
Yo pongo al horno la lasagna,
Échale tú el nabo al puchero.

Las cortas luces y entendederas
De este avezado y rudo labrador
Confunden las directrices guisanderas
Con proposiciones de ardiente amor,
Y el hombre sale por peteneras.

-Despierta, que eres un sinapismo,
Vive en tu mundo play-boy,
Sigue con tu ilusionismo:
Con la que hay aquí hoy
Y tú siempre pensando en lo mismo.

-No te me azufres, Adelina,
Siento haberme equivocado
Y el haberte puesto mohína,
Pues no veo donde haya pecado
En arrimar mi ascua a tu sardina.

-Me dejas de una pieza:
De esto, hablando no sigo,
Pues me da mucha pereza
Y, ¿sabes lo que te digo?:
¡No me va a doler esta noche la cabeza!

Eduarda, démonos una vueltecita,
Pues es mi expreso deseo
Visitar a mi comadre Frasquita,
Que así practicamos el “golimbreo”
Y le “damos un rato a la tarabita”.
Pero una voz ronca y demodée,
De un vendedor ambulante,
En la placeta de San José,
Congrega al curioso viandante:
Al grito de: ¡vamos, niñas, al qué!

-Que traigo sesos fritos de Alcázar,
Dulce del paraíso de Capilerilla,
Sopa de almendras de Cáñar,
Guisote de calabaza de Mecinilla
Y potaje de puñaíllo de Cádiar.

Bayacas les regala a los expertos
Cocido de cardos en tradicional olla,
Órgiva te sirve habas de sus huertos
Y una sopa calentica de cebolla
Que resucita a los muertos.

Llevo leche frita del Pozuelo,
De Notáez, papaviejos de lebrillo,
De Alcútar un peñasco bulchero,
De Murtas un crujiente soplillo,
La misma gloria bendita del cielo.

Traigo de Olías sus antiguas cazuelas,
De Fondales, gazpacho de pepino,
De Bérchules, sobrehúsa de habichuelas,
De Polopos, un lomo en adobo de vino
Y de Ferreirola, unas poquitas hojuelas.

Vendo de Nieles su potaje de castañas,
Una delicatessen que está pa reventar,
Y fritaílla de conejo de Carataunas,
Tortilla de collejas de Mecina Alfahar,
A la mayor envidia y gloria de España.

En Cástaras me han “dao” remojón,
Lomo en orza traigo de Lújar,
Trucha al horno de Bubión,
Cazolilla gitana de Soportújar
Y de Sorvilán, la olla de San Antón.

Pucherico de San Marcos de Mairena,
Fritaílla de Santo Cristo de Almegíjar,
Fresco y rico cilimoje de Picena,
Un potente molío de aceitunas de Ugíjar
Y moraga de sardinas de Melicena.

Hinojos de Válor con abundante pringá,
Migas de Tímar “pa” cualquier comensal,
De Pitres papas matanceras y fritá,
Cojáyar y Jorairátar ponen arroz liberal
Y Busquístar, peñascos y asadura encebollá.

Juviles sabe a moriscos maimones,
Atalbéitar huele, sin duda, a empedrao,
Pampaneira, a puchero de cascarones,
Mecina y El Golco, a ajo quemao
Y Pórtugos, a potaje de orejones.

Prueben de Yegen las gachas de pimentón,
De Narila sus contundentes hormigos,
Présules y jarugas del vecino Albondón,
Zarzuela de pescao del Haza del Trigo,
Y la “asaúra” con papas de Alfornón.

De Mecina Tedel, papas aliñás,
De Yátor, traigo el cuajao,
De Albuñol, sardinas espichás,
De La Mamola, fritura de pescao,

De Gualchos y Castell, las bogas escalás.


Llévense un lindo de Laroles,
De Júbar, degusten sus talvinas,
De Bargís, cazuela de caracoles,
Y, para las hambres culebrinas,
De Capileira, un puchero de coles.

¡Qué locura de papajotes de Cherín,
De melosos borrachillos de Turón,
De torta de aceite y choto al colorín
Del ardiente y mayoyo Torvizcón,
Y de Lobras, su fritaílla de San Agustín!

Pescao en adobo, de Fregenite.
De Trevélez, jamón y guisote,
Perdiz en escabeche de Nechite,
Zalamandroña, meloja y arrope
De los “güenos” de Rubite.

Disfruten con todo este sabor
Y compartan, que algo “quea”;
Riéguenlo con el amor
De un Poeta en Nueva York
De la Rambla de Huarea.

Humildes fogones de La Alpujarra,
Sin oropeles, ni afeites, ni carmín:
Pañuelo para las hambres del pobre,
Delirio de los señoricos de postín.
Humildes Fogones de La Alpujarra,
Desde siempre, nuestras estrellas Michelín.